lunes, 9 de julio de 2012

Llegó ese momento.

Aquel día recuerdo que yo estaba mal, acababa de verla y mis esperanzas habían sido destruidas de golpe. Y, el momento con el que llevaba años soñando, el momento que tanto miedo me daba que se produjera, tuvo que producirse así, de esa manera, aquel día, en aquel mismo instante. Llegó él, con la cabeza bien alta, cómo no, saludando como si no pasara nada. Pasó a mi lado dejándome casi sin aire. Quiso llegar el primero, cuando todos sabíamos qué era lo que pasaba.
Nunca se ha arrepentido. Nunca ha vuelto suplicando un perdón. Nunca regresó cuando las cosas iban mal.
Siempre imaginé este momento pero no pensé que fuera en esa situación ni de esa manera. Siempre había deseado volver a verle, pero juro que en ese momento quería que todo pasara rápido. Siempre supe cómo era pero aquella vez estaba tan distinto, tan cambiado, no parecía él.
Venía acompañado por aquella mujer de la que tanto había oído hablar. No nos dirigimos la palabra, no era necesario. En realidad, todo el mundo estuvo pendiente de mí. No me dejaron sola ni un segundo. Quizás lo necesitaba, tal vez lo que me hacía falta era desaparecer. Salir corriendo. Huir.
Pero tuve que quedarme, esperar, rodearme de ellos. Aún recuerdo aquel momento como si hubiese sucedido hace exactamente dos minutos. Sé que nunca lo olvidaré. Tampoco quiero.

sábado, 7 de julio de 2012

Los sentimientos no se pueden forzar.

He intentado sentir algo, he intentado quererte, he intentado necesitar verte pero no he podido. ¿Sabes? No puedo forzar un sentimiento que no existe. No puedo obligar a mis sentimientos a quererte. No puedo obligarme a pensarte constantemente, no puedo hacer nada por sentir por ti lo mismo que tú sientes por mi. 
Nos enamoramos de quien no debemos y nos olvidamos de quien más nos quiere. 
Lo peor que podemos hacer cuando sabemos que alguien está sintiendo algo por nosotros, es dar pie a la esperanza. Hacer que nazca en esa persona una serie de ilusiones que no se podrán cumplir. Porque, los sentimientos no se pueden forzar. Y nadie nos puede convencer para enamorarnos de alguien. Nadie puede hacer que broten unos sentimientos imposibles. 

jueves, 5 de julio de 2012

Es muy fácil tener a gente con la que reír. Pero lo importante es pensar en la que está ahí cuando necesitas llorar.
Todos pueden sacarte una sonrisa, pasar un buen rato, disfrutar de una tarde de risas en algún bar.
Eso no tiene nada de especial ni de importante. Puede que esas personas cuando necesites un hombro, un oído o un buen consejo sigan en el bar echándose esas risas sin darse cuenta de que tú estarás tirada en la cama sin fuerzas para levantarte.
Los amigos de verdad, esos que según dicen se cuentan con los dedos de una mano, son los que vienen donde ti y te dan un abrazo sin que tú digas nada. Esos que te agarrarán de la mano y te dirán "tranquila".

domingo, 1 de julio de 2012

Ha vuelto a pasar.

Tenía miedo. Mucho miedo. Pero, al fin y al cabo, es lógico tenerlo. Después de todo temes que aquello por lo que pasaste pueda volver a ocurrir. Entonces te dicen, te repiten día tras día que no puedes tener miedo hasta que consiguen convencerte. Así que sales a la calle sin miedo, con una sonrisa que deslumbra todo a tu alrededor y con la esperanza de que haya alguien dispuesto a empezar una historia contigo. Sacas de tu cabeza todos aquellos estúpidos pensamientos por los que estabas tirada en la cama sin ganas de nada.
Empiezas un día nuevo. Alguien llega a tu vida. Pero toda la historia se vuelve a repetir. Igual no de la misma forma pero el dolor es el mismo. La misma intensidad. Las mismas lágrimas llegan a tus ojos.
Recuerdas aquella historia que te rompió el corazón en mil pedazos y el dolor se multiplica.
Ahí descubres que tienes que tener miedo. Que tienes que andar con cuidado. Pisar sobre seguro. Y que, lo mismo que ha habido dos veces, habrá una tercera, cuarta, quinta..