miércoles, 11 de noviembre de 2015

Ella se cansó..

Imagen de adventure, baby, and kittyElla se cansó de abrazar el silencio. De vivir junto al frío. De desear la llegada del invierno y, con él, la lluvia. Para poder así sentirse comprendida cuando cada gota descendía por su cara y se ocultaba detrás de cada lágrima. Ella se cansó del verano. Se cansó del calor, de las risas y de los amores que nunca tenía. Que nunca llegaban. Se cansó de mirarse a los ojos y engañarse una y otra vez. Cada día. Ella se cansó de oír gritos. De leer estupideces. De ver discusiones. Se cansó del miedo que sentía cada mañana. Se cansó de los sollozos propios de cada noche.
Ella se cansó incluso de ella misma. De los recuerdos que no la dejaban vivir. Del futuro, incierto y temeroso. Se cansó de sus ojeras, de sus lágrimas, de sus sonrisas fingidas. Se cansó de vivir una vida que no le correspondía. De dar unos besos que no eran los suyos. De continuar en una historia en la que se sentía una intrusa. Una extranjera. Se cansó de las palabras robadas. De los besos malditos. De las miradas que parecían cómplices y no eran más que falsas. Ocultas. Conocedoras de toda la verdad. Se cansó de los gestos bonitos. De las rosas cada 14 de febrero. De las navidades en familia. O lo que quedaba de ella. Se cansó de todo y de todos.
Porque ella, en realidad, se cansó de fingir. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

Cuando el dolor no te deja respirar. Cuando el sufrimiento es permanente.

No siempre se puede tener todo aquello que se desea. Pero desearlo ya es un paso, ¿no? Tan solo se trata de quererlo, de buscarlo, de necesitarlo y de luchar para que aparezca. Para que llegue alguien que recomponga nuestro dañado corazón. Alguien que nos borre cada lágrima con una sonrisa. Alguien que nos abrace y se convierta en casa. Que nos libere las alas. Que nos aparte los monstruos del camino. O de nuestro interior. Qué mas da. Necesitamos una liberación. No siempre tiene que ser nuestro propio príncipe azul, rubio, alto, de ojos azules y monisimo quien nos salve. A veces puede ser una amiga, una madre, la música, un libro. Hay tantas maneras de salvarse. A veces puede ser haciendo lo que más te gusta. A veces puede ser llorando a escondidas mientras te quitas esa coraza que te impide ser feliz. A veces, solo a veces, ese dolor que ayer era inaguantable, hoy se está empequeñeciendo. Se está empequeñeciendo de tal forma, que empiezas a sentir más y más libre. Más y más fuerte. Más y más feliz. Más y más tú. Más y más....

martes, 22 de septiembre de 2015

Yo solo hice cuanto estuvo en mi mano para mantenerte a mi lado.

Tan solo quería decirte que no tengo ningún malo recuerdo que quedarme. Que por mi mente vagan cientos de momentos y todos ellos van acompañados de una sonrisa o de una cómplice mirada. Tomé la decisión de apartarme en un vano intento de que la cuerda no se rompiera. Tomé la decisión de alejarme para no soportar más lágrimas, más reproches, para no recordar con angustia lo que un día taché de felicidad. Aún me cuesta recordar cómo empezó todo, o quizás debería decir que todo terminó en ese preciso instante. Aún me duele tu recuerdo junto a mí o tu risa pegada a mi oreja. Mentiría si dijera que esto fue mi elección, porque no lo fue. Simplemente no quedaba otra. Solo tuve que tomar decisiones, decisiones difíciles, decisiones valientes, o tal vez cobardes, no lo sé. Pero en mis decisiones nunca estuvo rendirme. Hasta que no hubo más remedio que hacerlo. Decidí que era momento de dejar de fustigarme, de fustigarnos, de fustigaros. Decidí que era momento de vivir mi vida con quienes quisieran vivirla a mi lado. Decidí, simplemente, que nuestros caminos debían separarse para no hacernos daño, aún más, quizás. Las decisiones a veces pueden no ser las acertadas. Quién sabe. Solo el destino, el tiempo, el futuro, puede decirnos si esto debía terminar así. Yo solo hice cuanto estuvo en mi mano para mantenerte a mi lado.

jueves, 16 de julio de 2015

Te echo de menos a ti, amor.

.Echo de menos cada rato que a tu lado pasaba. Echo de menos esas tardes de invierno fumando a escondidas bajo la luz de la luna. Echo de menos las confidencias de madrugada y las risas de media tarde. Echo de menos esas miradas cómplices y esos gritos susurrados. Echo de menos cantar la misma canción, al unísono, hasta quebrarnos la voz, y solo con eso, ser feliz. Echo de menos las fiestas, los amores del pasado, las lágrimas recorriendo tu mejilla y mis sonrisas en un vano intento de evitar tus sollozos.
Echo de menos aquel mensaje que no decía nada y, a la vez, se llevaba toda la furia, dejándolo todo en calma. Echo de menos esa palabra que solo tú me decías, que solo de ti me gustaba. ¿La recuerdas? Jamás dejaré que nadie más me llame así. Es algo solo nuestro. Tuyo y mío. Nuestro. Echo de menos todos los planes de verano, todas las madrugadas de un sábado volviendo a casa, cada risa, cada promesa, cada mirada. Echo de menos mirar a alguien y encontrar tus ojos, echo de menos la capacidad que tenía de entenderte, sin hablarte.
Echo de menos lo que éramos, juntas. Echo de menos las llamadas en un vano intento de tranquilizarme. Echo de menos todo contigo.
Te echo de menos a ti, amor.